Anglocatólico

COMUNIDAD ECUMÉNICA MISIONERA LA ANUNCIACIÓN. CEMLA
Palabra + Espíritu + Sacramento + Misión
Evangelizar + Discipular + Enviar


“Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos.” Ef 4,5s.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.

+Gabriel Orellana.
Obispo Misionero
¡Ay de mí si no predico el Evangelio! 1 Co 9,16b.

whatsapp +503 7768-5447

sábado, 18 de junio de 2011

DE LAS CASAS LLENAS A LOS TEMPLOS VACÍOS

José María Castillo

Es sabido que en la Iglesia primitiva no había templos. Los cristianos se reunían en las casas, ya que la casa era la estructura base del cristianismo primitivo. Es decir, la Iglesia era la institución que aglutibana a las "iglesias domésticas" (R. Aguirre). Esta situación duró hasta el s. IV, cuando (a partir de Constantino) se construyeron los primeros templos cristianos. Fue el concilio de Laodicea (del 360 al 370) el que prohibió la celebración de las eucaristías domésticas. Hasta entonces, o sea durante tres siglos la Iglesia no tuvo templos, es decir, no tuvo espacios sagrados. Porque "lo sagrado", para la Iglesia de aquellos tiempos, no estaba en determinados edificios o locales concretos, sino que lo sagrado eran "las personas". Vale la pena explicar esto. Y sacar las debidas consecuencias.

Por lo que cuentan los evangelios, Jesús no levantó ningún templo o capilla. Ni organizó un centro de espiritualidad o una casa de retiros. Jesús fue un laico, que vivió laicamente, como un profeta itinerante. Un profeta, además, que, como sabemos, tuvo serios conflictos con el Templo de Jerusalén y sus sacerdotes. Hasta que aquello terminó trágicamente en la pasión y en la cruz. Después de la Resurrección y de Pentecostés, el libro de los Hechos cuenta que, cuando mataron al primer mártir, Esteban, éste, precisamente cuando lo iban a matar, dijo que "el Altísimo no habita en edificios construidos por hombres" (Hechos 7, 48). Y, lo que es más importante, San Pablo afirma con toda claridad que la morada propia de Dios no está construida por manos de hombres (2 Corintios 5, 1). Es más, la carta a los hebreos dice de forma terminante que el templo "no hecho por manos de hombres" se instaura a partir de Cristo (Hebreos 9, 11).

Los primeros cristianos tenían razones muy serias para decir estas cosas. Aquellos cristianos no querían templos. El motivo de este rechazo no era económico (no tenían dinero para tales edificios), ni político (se tenían que ocultar en tiempos de persecuciones). El motivo por el que rechazaban los templos era teológico. Porque una de las convicciones más fuertes de la Iglesia de aquellos primeros siglos cristianos era que el templo de los cristianos es la comunidad (1 Corintios 3, 16-17; Efesios 2, 21) o cada cristiano en particular (1 Corintios 6, 19; 2 Corintios 6, 16). Lo cual quiere decir, lógicamente, que para los cristianos (los de entonces y los de ahora) no hay más templo que la comunidad misma o cada ser humano en concreto. Es decir, el lugar del encuentro con Dios no es un espacio material (geográfico), sino el espacio humano del encuentro entre las personas. Donde los humanos se encuentran, se comunican, se unen y conviven, ahí es donde se encuentra a Dios.

Esta manera de pensar, tan revolucionaria, duró algún tiempo, no mucho. Sólo aguanto tres siglos. A partir del momento en que la Iglesia se vio con poder, expresó ese poder (entre otras cosas) en los edificios, es decir, levantando iglesias, templos, basílicas y capillas. Con lo cual se conseguían varias cosas: 1) A Dios se le encerraba en el templo, que podía ser grandioso, señal de que quien estaba allí era el Todopoderoso, pero ya no era el Dios humanizado, al que se le encuentra entre los humanos y humanizándose. Una cosa que ha sido fatal. Porque así los cristianos descargamos las conciencias acudiendo un rato al templo, mientras que en la calle, en la casa, en el trabajo..., nos portamos como si Dios no existiese. El respeto se guarda en el templo, lo que hace más tolerables las frecuentes faltas de respeto que cometemos en la convivencia a todas horas y en todas partes. Nos espanta la profanación de un templo. Y no nos impresiona las constantes profanaciones de toda clase de personas que cometemos, incluso con la conciencia tranquila del que hace "lo que tiene que hacer". 2) Es más fácil construir un templo que construir una comunidad. Se maneja mejor el ladrillo que la convivencia. Y así nos encontramos ahora con muchos templos y tan pocas comunidades. Enseñamos monumentos, pero no podemos enseñar grupos humanos que se quieren y en los que no hay secretos que ocultar. 3) Los templos suelen dar un buen rendimiento económico. Cosa que se sabe desde que se empezaron a levantar templos. Uno de los favores que Constantino le hizo a la Iglesia fue la concesión de recibir herencias y legados, cosa de la que da cuenta el Código de Teodosio (CTh. 16. 2. 4 = CJ 1.2.1, del 321). Así se abrió la puerta al enriquecimiento de la Iglesia mediante las enormes donaciones de la gente rica, que dejaba sus bienes al templo y así se moría en paz, tal como lo explica el reciente y magnífico estudio del Prof. Ennio Cortese, en su estudio sobre las grandes líneas de la Historia Jurídica Medieval (Roma, 2008).

Uno de los muchos problemas que la Iglesia tiene que afrontar es éste: ¿Creemos en el Dios que hemos encerrado en los templos o creemos en el Dios que está en cada ser humano? He aquí dos modelos de Iglesia, que desencadenan dos formas de entender el cristianismo y la fe en Jesús el Señor.

PENTECOSTES 2011 EN GUATEMALA



CREACIÓN DE VICARIA EPISCOPAL TERRITORIAL "SANTIAGO APOSTOL" Y
ERECCIÓN DE LA PRIMERA PAROQUIA "SAN PATRICIO DE IRLANDA" EN LA CIUDAD DE GUATEMALA, NOMBRAMIENTO DEL REVDO. PADRE SALVADOR ANTONIO VELASQUEZ RAMOS COMO
VICARIO EPISCOPAL POR UN AÑO Y PRIMER PARROCO.



CONTRUYENDO LA COMUNIÓN
Los hermanos de la COMUNIDAD  SAN PABLO de la Renovación Carismática Católica en la Ciudad de Guatemala.  Celebrarón 15 años de camino.
Que el Señor les permita seguir dando testimonio en la fuerza del Espíritu.




BODAS DE PLATA
Mi hermano REYNALDO JAVIER Y SU ESPOSA ALMA ROSA, junto con sus tres hijos
ALEJANDRO, OTTO y  RODRIGO,
DIERON GRACIAS A DIOS EN UNA SOLEMNE EUCARISTIA preparada por su Comunidad Neocatecumenal .
25 AÑOS DE VIDA MATRIMONIAL




CONSTRUYENDO LA COMUNIÓN
Con tres hermanos seminaristas de 3ro de Teología del
Seminario San José de la Montaña de San Salvador.
 LA ANTIGUA GUATEMALA
en casa de los esposos Sochom




LA ANTIGUA GUATEMALA
Compartiendo con hermanos con quienes hemos caminado en el Señor
NICOLAS Y DORITA con su hijo PABLO
Una de mis prioridades pastorales es LA IGLESIA DOMESTICA, que las familias cristianas sean como la FAMILIA DE NAZARET: VERDADERAS COMUNIDADES DE AMOR Y SERVICIO.




martes, 14 de junio de 2011

DECRETO DE ERECCIÓN DE PARROQUIA SAN PATRICIO DE IRLANDA

ICA
IGLESIA CATÓLICA ANGLICANA
Evangelizadora + Carismática + Liberadora + Ecuménica
+Gabriel Orellana, Obispo
¡Ay de mí si no predico el evangelio! 1 Co 9,16b.
Anglican Catholic Church

EVANGELIZAR + DISCIPULAR + ENVIAR

DECRETO DE ERECCIÓN DE PARROQUIA Y NOMBRAMIENTO DE PARROCO


+
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.


GABRIEL ORELLANA
Por misericordia de Dios
OBISPO
Gracia y paz en Jesucristo el Señor.


DECRETO

Mediante las presentes letras,
ERIJO LA PARROQUIA
Con el nombre de
SAN PATRICIO DE IRLANDA
En la ciudad protegida de Dios de Guatemala.

Al mismo tiempo nombro a usted
Sr. Pbro. Lic. SALVADOR ANTONIO VELASQUEZ RAMOS,
PRIMER PARROCO
De la misma, con todos derechos y obligaciones de Pastor Propio
Cuidando de cumplir la misión y la pastoral integralmente
“Ir a todos, darlo todo, involucrando a todos”
KERYGMA, KOINONIA, DIDASKALIA, LEITURGIA, DIAKONIA


Dado en la Ciudad protegida de Dios de Guatemala, a los doce días del mes de junio, Solemnidad de Pentecostés del año del Señor dos mil once.


+Gabriel Orellana
Primero Obispo de ICA


SEDE EPISCOPAL
 EL SALVADOR, C.A.
Correo electrónico: bishop_gabriel_sv@yahoo.com
Móvil (503) 70467927 Casa Pastoral (503) 21013411
www.comunioncatolicaanglicana.blogspot.com   www.galeon.com/jesucristosv  

DECRETO DE CREACION VICARIA EPISCOPAL DE SANTIAGO APOSTOL


ICA
IGLESIA CATÓLICA ANGLICANA
Evangelizadora + Carismática + Liberadora + Ecuménica
+Gabriel Orellana, Obispo
¡Ay de mí si no predico el evangelio! 1 Co 9,16b.
Anglican Catholic Church

EVANGELIZAR + DISCIPULAR + ENVIAR

 
DECRETO DE CREACIÓN DE VICARIA EPISCOPAL Y NOMBRAMIENTO DE VICARIO EPISCOPAL

+
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.


GABRIEL ORELLANA
Por misericordia de Dios
OBISPO
Gracia y paz en Jesucristo el Señor.


DECRETO

Mediante las presentes letras,
La CREACIÓN DE LA VICARIA EPISCOPAL
Con el nombre de
SANTIAGO APOSTOL
En la República protegida de Dios de Guatemala.

Al mismo tiempo nombro a usted
Sr. Pbro. Lic. SALVADOR ANTONIO VELASQUEZ RAMOS,
VICARIO EPISCOPAL TERRITORIAL
Por el periodo de un año a partir de la fecha.
Con todos derechos y obligaciones de Vicario Episcopal
Cuidando de cumplir la misión y la pastoral integralmente
“Ir a todos, darlo todo, involucrando a todos”
KERYGMA, KOINONIA, DIDASKALIA, LEITURGIA, DIAKONIA


Dado en la Ciudad protegida de Dios de Guatemala, a los doce días del mes de junio, Solemnidad de Pentecostés del año del Señor dos mil once.


+Gabriel Orellana
Primero Obispo de ICA


SEDE EPISCOPAL
EL SALVADOR, C.A.
Correo electrónico: bishop_gabriel_sv@yahoo.com
Móvil (503) 70467927 Casa Pastoral (503) 21013411
www.comunioncatolicaanglicana.blogspot.com   www.galeon.com/jesucristosv


jueves, 9 de junio de 2011

SOLICITUD DE INCARDINACION


El Rvdo. Pbro.  SALVADOR  ANTONIO VELASQUEZ RAMOS, Salvadoreño, residente en Guatemala.
Solicita ser INCARDINADO  a esta expresión de la UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA Iglesia del Señor.

Presbítero Anglicano.

Hijo único de Doña María Ofelia Ramos Colocho de Velásquez (de grata e inolvidable memoria) Maestra y Directora de escuelas públicas del área rural y de Don Salvador Velásquez Flores caficultor y comerciante.

Nacido en Santa Ana, El Salvador, Centro América.

Estudios en Kindergarten Nacional Santaneco, Escuela Privada San Antonio, Colegio Salesiano San Josè, Academia Royal Internacional y Liceo Santaneco (Bachiller Académico Opción Matemàticas,1974), Centro Universitario de Occidente;

En Guatemala en Estudiantado Filosófico Salesiano, Instituto Teológico Salesiano, Universidad Francisco Marroquín.
Seminario Episcopal Santo Tomas, Instituto Anglicano de Estudios Teológicos. Ordenado Presbitero Anglicano en  Anglican Church in America de Traditional Anglican Comunion .

SCOUT en la Asociación de Scout de El Salvador y en la Asociación de Scout de Guatemala (I.M. rama Scout, Director de Cursos avanzados, Ejecutivo Scout).

LA MISION DEL ESPIRITU VI, VII, VIII, IX, (José Comblin)


6. LAS DOS VISIONES DE LA EVANGELIZACIÓN DEL MUNDO

Otro de los temas cristianos importantes en que incide la problemática de las dos misiones es el de la evangelización, que puede definirse como momento inicial de la salvación o, en otros términos, de la relación entre cristianismo y mundo. Cada misión ofrece perspectivas distintas.

La misión de Jesús es esquemáticamente una palabra dirigida al mundo, pero, como toda palabra, supone siempre una cierta distancia y separación, aunque a la vez sea el recurso adecuado para superarla. Desde la óptica de la misión del Verbo, la evangelización supone siempre una palabra que juzga y exige una adhesión incondicional, un cambio de vida y una entrega del propio destino. Es una tentación fácil de la Iglesia situarse en el lugar de Cristo que juzga, y predicar una palabra que en las circunstancias concretas signifique arrancar a las personas de su país, su ambiente y su mundo, para hacerles hombres distintos, depositarios del Evangelio y cuyo modo de ser se debe imitar. Entonces la evangelización se convierte en proselitismo y propaganda de una sociedad religiosa concreta.

En esto han incurrido sobre todo las sectas protestantes que identifican al predicador y su palabra con Cristo y la suya. Y entonces se constata que la máxima fidelidad a Jesús puede ser la máxima traición al Espíritu.

La evangelización desde el punto de vista del Espíritu parte, en cambio, de la observación del mundo actual. Constata primero que los temas cristianos están presentes en el mundo, aunque no siempre claramente concienciados. Evangelizar consiste en inventar una acción capaz de alumbrar el espíritu del Evangelio en la ambigüedad del mundo, como una llamada nueva. Encontrará muchos obstáculos en los gestos prefabricados, en palabras convencionales y en el amor rutinario e institucional y se apartará de los formalismos, que confirman a los hombres en la persuasión de que el Evangelio es propiedad de un grupo, que le exprimió ya todas sus posibilidades.

La evangelización se inicia, pues, en los mismos evangelizadores que deben convertirse de lo que significa deformación, paganizaci6n o fariseísmo. La evangelización hace muchos años que está en marcha; no se parte, pues, de cero y el verdadero problema está en convertir las actividades llamadas evangelizadoras en una presencia del evangelio. Hay que discernir el evangelio en una cultura como la occidental que arrastra muchos elementos de índole diversa. Potenciar valores presentes en nuestro ámbito cultural como la preocupación por el otro, el deseo de no permanecer en una verdad parcial, y, en cambio, discernir y someter a crítica lo que signifique poder, conquista, superioridad técnica y científica es introducir fermento cristiano, es evangelizar. Desde el punto de vista del Espíritu la evangelización no consiste en el reclutamiento de nuevos miembros o la expansión geográfica, sino en la efectividad y calidad del fermento evangélico.


7. DOS CONCEPCIONES DEL HOMBRE

En las divergencias filosóficas o teológicas subyace siempre una diversidad antropológica. En la infraestructura teológica de la misión del Verbo hay una concepción esencialista del hombre. Es decir, lo importante en la vida humana consiste en buscar el núcleo central dejando de lado las determinaciones de espacio y tiempo. La teología concreta este núcleo en la abertura trascendental al Verbo de Dios en el acto de fe. Todos los hombres deben renovar idéntico acto de fe y por esto resulta trivial la situación histórica. No se niega la actividad temporal ni su necesidad, pero su conexión con la fe permanece siempre extrínseca, y por ello resulta difícil dar significado a la historia humana.

La teología de la misión del Espíritu, en cambio, supone un hombre cuya tarea viene definida por la situación histórica. Acepta, por tanto, la pluralidad de destinos personales y de vocaciones humanas.

La tarea de cada individuo viene determinada por la herencia que recibe y las capacidades que posee. Y en resumen el hombre se define más por su vocación que por su esencia.

El hombre está llamado a una transformación personal y social y a inventar una respuesta nueva a la situación anterior porque siempre existen momentos de decisión, elección o destrucción de realidades individuales o sociales. La fe es la relación de esta vocación con Jesucristo y el Espíritu es quien la descubre a cada persona en el ejercicio de la libertad.


8. DOS CONCEPCIONES DE LA LIBERTAD

De acuerdo con la antropología esencialista; la verdadera libertad se ejerce en el acto en que el hombre se define en relación al Absoluto, es decir, en la opción de fe en Cristo.

Las demás libertades importan sólo en cuanto favorecen o dificultan esta opción básica. Las libertades humanas son compatibles, por supuesto, con esta libertad básica, pero no se llega a darles un sentido cristiano, ni afectan radicalmente a la fe, ni son afectadas por ella. Se dice que en el campo temporal la Iglesia respeta las libres opciones. En la práctica esto significa que se admite la compatibilidad de la libertad trascendental con una sociedad individualista o una interpretación individualista de la libertad. Este individualismo es lo que se define como pluralismo.

En este planteamiento carece de sentido una teología de la liberación, puesto que no hay otra liberación que la que libra de la condición humano-temporal y orienta hacia el Absoluto en la conquista de su acto trascendental, la fe. La liberación es el paso de la incredulidad a la fe. Se puede defender la justicia o la libertad humanas, pero éstas tío tienen un contenido valioso propio.

La teología de la misión del Espíritu entiende la libertad de forma distinta. El hombre se libera únicamente en la conquista de las libertades; es decir, en la superación de las relaciones de dominación y en la instauración de relaciones de diálogo y dé alianza. La libertad es siempre una conquista, dentro de unas posibilidades concretas. Lo cual no quiere decir que la liberación se identifique con ningún proyecto histórico concreto, porque muchas "liberaciones" históricas rio son otra cosa que el alumbramiento de nuevas opresiones. La historia del  cristianismo confirmaría, sin duda, la acción del Espíritu en esa larga marcha hacia la libertad.

Estas dos concepciones del hombre o de la libertad no se excluyen, se completan y corrigen, pero en la teología tradicional el papel del Espíritu ha resultado seriamente perjudicado.


9. LAS DOS CONCEPCIONES DE LA MORAL

Un problema central en la moral actual es la especificidad de la moral cristiana. ¿Qué distingue la moral cristiana de la natural o filosófica? Para algunos, los cristianos no tienen normas de comportamiento propias, lo que les distingue es la intención de fe que les anima. La conducta se hace cristiana por una referencia personal a la fe, no por la adición de nuevos deberes.

Otros, en cambio, piensan que esto no concuerda con las exigencias de Jesús frente a la moral de paganos y fariseos. Pero no consiguen poner en claro la diferencia, porque los principios de análisis tienden precisamente a disminuirla. En realidad, el mensaje moral del evangelio no se puede expresar dentro de un único sistema. La doctrina cristiana de la acción resulta de una síntesis entre los dos principios o fuerzas: la del Hijo y la del Espíritu. Al descubrir cómo actúan ambas iluminaremos el problema que antes hemos planteado.

La moral tradicional deja de lado al Espíritu Santo, suponiendo que no tiene otra misión que repetir o inculcar las palabras del Verbo, que son lo importante.

El mensaje ético de Jesús tiene dos caracteres indisimulables: radicalismo exigente y generalidad de enunciado. Lo primero aparece claro en el Sermón del monte o en las parábolas morales de Lucas. Lo segundo en las paradojas, en la oposición al modo de obrar de los fariseos o en el uso de fórmulas negativas con preferencia a las positivas.

El rigor de las exigencias evangélicas impide que puedan ser normativa práctica inmediata para una sociedad determinada. Algunos intérpretes han llegado a pensar que Jesús las formuló para mostrar la imposibilidad de su cumplimiento y el abismo que separa el comportamiento humano del plan de Dios y para afirmar la salvación por la fe sin las obras de la ley.

Los moralistas procuran enunciar un código moral viable en una sociedad que pretende ser cristiana y se asemeje a la media moral efectivamente vivida por los pueblos llamados cristianos. Usan dos medios para ello. Primero: recordar que las exigencias están sujetas a la interpretación de la Iglesia, lo que en la práctica, significa siempre una atenuación. Y segundo: afirmar que se trata de modos de hablar orientales.

Con estos métodos se reduce la exigencia evangélica a un vago humanitarismo no lejano de los sistemas morales no cristianos. Eliminada la radicalidad, es difícil especificar la moral cristiana.

Por otro lado, el núcleo del mensaje de Jesús es la ley del amor, que no se presta a análisis ni a reglas universales. El tratado de la caridad siempre ha sido el más pobre en la teología y los moralistas discuten sobre aspectos secundarios porque lo esencial en el amor no se formula en definiciones universales o válidas para todos y la moral tradicional estaba obsesionada en presentar un código válido para siempre.

Además cualquier moral cristiana debe subrayar el hecho de que la conducta de la mayoría de cristianos está muy alejada del Evangelio, de forma que practicamos lo contrario de lo que afirmamos creer.

Si se trata de definir orientaciones para una conducta concreta el mensaje de Jesús no basta: nos problematiza, pero no define nuestra decisión inmediata.

El segundo principio orientador del obrar cristiano es el Espíritu Santo, que sin proponer nuevos preceptos, los determina en lo concreto de la existencia. En cada momento el hombre, desafiado por su pasado, sus posibilidades, su fuerza y su llamada debe crear una respuesta, que no es nunca algo mecánico, sino una opción, una decisión.

La vocación, que es secreto de la persona y del Espíritu, marca la distancia entre las diversas alternativas y la decisión. Para tomarla, le ayudan los signos de los tiempos y la reserva acumulada de muchos años de experiencia cristiana. Los moralistas pueden iluminar las alternativas y las condiciones en que se debe tomar la decisión, pero poco más pueden hacer en el campo de las decisiones personales.

El camino del Espíritu es imprevisible, y sin embargo tiene cierta continuidad con el pasado. Por un lado, acepta las limitaciones que la ciencia, la cultura, la economía o las lenguas imponen al amor y la justicia. Por otro, no es una energía que viene a reformar la estructura establecida. El Espíritu no es conformista, estimula a una superación de la persona y de las relaciones sociales. Por ello constatamos la lentitud del perfeccionamiento humano y a la vez la permanencia de los valores cristianos, aunque sea con fases de eclipsé.

Todo el mundo lee el mismo Evangelio pero las decisiones son muy diversas, incluso imprevisibles. A veces inspira actitudes heroicas, excepcionales o proféticas, muy alejadas del comportamiento normal. La mayoría, sin embargo, no consigue ir más allá de ciertos límites alcanzados en un esfuerzo colectivo de evangelización. Algunos no se integran nunca en estas normas mayoritarias, lo cual no significa necesariamente que no puedan expresar también la fuerza del Espíritu. Además el tiempo hace que las personas entiendan de distinto modo las mismas palabras de Jesús. Las decisiones importantes no son cosa de cada día; hay, pues, tiempos fuertes de presencia del Espíritu.

Esta diversidad no es arbitrariedad y por esto puede existir una ciencia del Espíritu. La experiencia de la Iglesia guarda la inspiración del Espíritu y sus leyes de comportamiento y la llamamos "tradición eclesiástica". No nos gusta el nombre porque evoca fijeza y estabilidad. Por ello preferimos hablar de historia o experiencia.

El Espíritu no sugiere nunca nada que no sea palabra de Cristo. Pero por el Espíritu las palabras se hacen urgentes y exigentes. Quien las oye no piensa: 'todos deben hacer tal cosa', sino: yo debo hacer esto porque lo exige Jesús'. Otros no perciben la referencia a Jesús. Pero se perciba o no esta vinculación, sin el Espíritu el Evangelio es letra muerta.

Podemos concluir esta exposición general de la misión del Espíritu indicando que permite integrar en una conexión inteligible una serie de temas de la Iglesia de hoy a los que una teología basada en la misión del Hijo no consigue otorgarles todo el valor que poseen.

Notas:
1Expresión metafórica que usaron algunos Padres antiguos (vgr. S. Ireneo) para designar
al Hijo y al Espíritu (N. de la R.).

Tradujo y condensó: JOSÉ Mª. ROCAFIGUERA

miércoles, 8 de junio de 2011

LA MISIÓN DEL ESPÍRITU SANTO V


5. LAS DOS CARAS DE LA SALVACIÓN

Una teología de la salvación que no quiera ser unilateral debe afirmar la intervención de Cristo y la del Espíritu Santo.
El pensamiento católico occidental, y quizá más todavía el protestante, subrayaron la intervención de Cristo y marginaron la del Espíritu Santo con graves consecuencias teológicas y culturales.

En relación a Jesús, la salvación es esencialmente don y gracia. Y en este aspecto lo único que se pide a los hombres es la aceptación y la fe. La fe fiducial de Lutero es la expresión más característica y también más aguda de esta idea de salvación. Se trata de un movimiento ajeno a la historia, que inicia una vida nueva en el individuo pero que no modifica su realidad histórica.

Este concepto de redención asume con dificultad el significado de las obras del cristiano. La caridad prueba la sinceridad de la fe, es signo de gratitud o dé obediencia a Cristo. La fe es el auténtico fundamento de cualquier acción del cristiano. La diferencia entre un cristiano y un no cristiano no se basa en actos esencialmente distintos, sino en la inspiración de la fe sobre idénticas obras. Lo que les confiere valor salvador es la fe. De esta concepción deriva un estilo de vida cristiana indiferente a la historia de la humanidad. La acción temporal es un cierto derroche de lo no valioso. El cristiano espera el don de Cristo y renueva su fe y la Iglesia es el lugar privilegiado de este don.

Y como don, no requiere actividad. La pertenencia a la Iglesia es garantía y tranquilidad. Este unilateralismo puede llevar a un quietismo religioso radical.

En esta teología el cristianismo no alcanza al mundo y la historia. Y este vacío lo vienen a llenar otras doctrinas de salvación temporal para la vida histórica. Al principio los procesos de salvación espiritual e histórico se yuxtaponen, luego la salvación histórica se impone. La ciencia, la razón, el progreso, el humanismo como temas de esperanza humana, o los fascismos, los nacionalismos y el marxismo como movimientos mesiánicos responden a esta dicotomía. Ello produjo en la Iglesia una división interna que le impidió situarse válidamente ante el mundo y sus movimientos, y una división en la sociedad que busca, por un lado, una salvación sin cristianos, sin Cristo y sin Dios, mientras, por otro lado, una Iglesia desencarnada cultiva una fe en Cristo separado de la humanidad.

A consecuencia de esta división, la Iglesia ha sido juguete servil en manos de fuerzas políticas y culturales. En el mundo capitalista, la Iglesia favoreció posturas conservadoras que la protegían, no por sus criterios cristianos, sino porque era aliada, a veces inconsciente, de concretos intereses sociales. Esta alianza provocó la persecución en los países socialistas; persecución absurda porque obedecía a motivos políticos más que a razones religiosas; a intereses de estabilidad o de cambio.

La teología tiene, desde luego, su parte de responsabilidad en todo esto porque olvidó la otra cara de la salvación: la del Espíritu Santo.

La salvación que procede del Espíritu aparece como descubrimiento, invención, iniciativa, creación de hombres inspirados proféticamente. Pablo descubre al Espíritu en la expansión cristiana en el imperio romano y Juan en el testimonio de los mártires. Nuevos movimientos que hicieron la historia del mundo occidental son testimonio de la acción del Espíritu. No irrumpe tangencialmente en el mundo, sino que lo transforma.

La salvación del Espíritu brota como una explosión interna de creatividad, de fuego interior, de vida nueva. No resulta fácil a corto plazo descubrir las líneas de acción del Espíritu. Pero a largo plazo esta intervención se caracteriza por: un movimiento universalista, una abertura al desarrollo material, una emancipación de la persona, una sociedad basada en el libre asenso. Es cierto que estas realidades nunca se encuentran en estado puro, pero son detectables y las minorías proféticas siempre las impulsan.

La salvación del Espíritu no se confunde con la plenitud de una cultura o de un proceso político, social o cultural. En cada cultura revive el drama agustiniano de las dos ciudades, de Dios y del mal.

La salvación del Espíritu no formula procesos completos, deducibles de los procesos anteriores. Su intervención cuestiona el pasado, lanza al riesgo y a la adivinación. El Espíritu sorprende a los hombres que son su instrumento y todavía más a los que no lo son.

Por ello los auténticos movimientos espirituales no pueden surgir en virtud de leyes fijas rectoras de procesos anteriores. Un proceso social de tipo marxista, que pretende justificarse como el desarrollo último de las fuerzas operantes en la sociedad capitalista, ¿qué novedad podría traer? Ninguna, a menos que operen factores humanos independientes de la necesidad científica.

La novedad del Espíritu está, sin embargo, regida por criterios bien definidos, porque encarna en la historia los objetivos de Jesucristo. Donde están encarnados los criterios de Jesús, ahí está el Espíritu. Por tanto, donde está la palabra, el testimonio, el amor, ahí está el Evangelio. Donde se usa el poder del dinero, de la política, de la inteligencia, de las armas o de la psicología, ahí no está el Espíritu. Estos son los criterios de discernimiento de la acción del Espíritu. Por ello, no eran espirituales ni las cruzadas, ni las conquistas, ni las guerras de religión, ni la inquisición, a pesar de la buena voluntad de muchos.

Por otro lado, nadie puede pretender que sus actos siempre poseen el Espíritu. Sólo el martirio o la palabra profética son puros movimientos del Espíritu. Pero en la vida diaria los hombres son solicitados por diversos impulsos. Las vocaciones son distintas y personales y algunos hombres tienen más oportunidades de intervención espiritual y otros menos.