Anglocatólico

COMUNIDAD ECUMÉNICA MISIONERA LA ANUNCIACIÓN. CEMLA
Palabra + Espíritu + Sacramento + Misión
Evangelizar + Discipular + Enviar


“Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, actúa por todos y está en todos.” Ef 4,5s.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.

+Gabriel Orellana.
Obispo Misionero
¡Ay de mí si no predico el Evangelio! 1 Co 9,16b.

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jueves, 12 de abril de 2012

II. LA UNIDAD Y EL PLURALISMO DE LA IGLESIA DEL NUEVO TESTAMENTO

II. LA UNIDAD Y EL PLURALISMO DE LA IGLESIA DEL NUEVO TESTAMENTO
1. La unidad está en la misma raíz del ser Iglesia de Jesucristo. Junto con la santidad, la apostolicidad y la catolicidad, complementa uno de sus atributos esenciales. Un rápido examen del Nuevo Testamento lo comprueba. Jesús ora por sus discípulos para que todos sean uno (Jn 17.21). El rebaño es uno solo, y uno solo es su pastor (Jn 10.14). “Hay un solo cuerpo y un solo Espíritu,… un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo; un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos y por medio de todos y en todos” (Ef 4.4s). Que Jesucristo esté dividido (1 Co 1.13), era un pensamiento inconcebible para la primera cristiandad. Todos los bautizados son “uno solo en Cristo Jesús” (Gl 3.28). Y los que comen del pan en la mesa del crucificado y resucitado constituyen un solo cuerpo con Él, el dador de la cena, y los demás participantes (1Co 10.16). Cristo derrumba los muros de separación. Él no divide, sino unifica (Ef 2.11s).
2. Aún así, se observa una sorprendente diversidad de formas en la Iglesia de los orígenes. El mismo NT es un libro plural, en el cual se hace oír una extraordinaria variedad de voces. La propuesta de Taciano, teólogo cristiano del siglo segundo, armonizando los cuatro evangelios mediante la fusión, que se llamó “Diatessaron” (= a través de los cuatro), acabó siendo rechazada. La Iglesia de Jesucristo prefirió canonizar el lado a lado, a veces tenso, evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Se resistió a la uniformización. Siempre se presentó “multicolor”. Esto se aplica también, no por último, a la eclesiología. La primera cristiandad ensayó diversos modelos. En eso no se trata de una señal de debilidad, sino de fuerza. La Iglesia de Jesucristo, en su historia, demostró ser capaz de adaptarse a variados ambientes y a nuevas exigencias, desarrollando estructuras eclesiales correspondientes.
3. Son múltiples los factores diversificantes del mensaje del evangelio, así como de la piedad y de la vivencia de la fe:
a. En el origen de la fe cristiana está el testimonio de un grupo de personas, no de un solo individuo. Los apóstoles fueron muchos. Por lo tanto, el testimonio de un grupo necesariamente es plural. Jesús, evidentemente, es el fundamento de la Iglesia. Pero nosotros tenemos noticias al respecto a través de la boca de una “nube de testigos” (Heb 12.1).
b. La Iglesia de los orígenes se ubicó de inmediato en dos ambientes culturales distintos, el hebreo y el helenístico. Los primeros cristianos estaban compuestos por judíos (por ejemplo: los doce apóstoles), por judíos helenísticos (por ejemplo: Pablo) y por personas paganas (por ejemplo: Tito [Gl 2.1s]). Por supuesto que esto acarreó enormes diferencias en la articulación de la fe. La noticia de Jesús, de su mensaje, praxis e historia, tenía que ser traducida del idioma y del pensamiento arameo al griego. La variedad que devino inevitablemente provocó tensiones. Hubo dificultades con la vida en comunión, como bien lo ilustra el conflicto entre Pedro y Pablo en la ciudad de Antioquia (Gl 2.11s).
c. Además de estos factores diversificantes naturalmente hay otros. La biografía individual suele imprimir marcas específicas en el testimonio. La clase social, el género, la etnia, ejercen influencia. Cualquier intento de comprender fenómenos históricos está obligado a verificar los elementos condicionantes que están en su origen.
4. Pero, a despecho de la pluralidad del testimonio, el Nuevo Testamento, así como la Biblia toda, de modo alguno se reduce a una “colcha de retazos”. No es un amontonamiento aleatorio de textos religiosos, ni proclama un ideal de pluralidad caótica. La canonización de los textos neotestamentarios es expresión de un consenso básico de la cristiandad. Estos habrían de ser los escritos “fundamentales” de la Iglesia de Jesucristo. Se afirma que son expresión auténtica del evangelio y, por ello, son canónicos. En otros términos, el Nuevo Testamento tiene un centro, un eje gravitacional, un punto de referencia: es el mismo Jesucristo que mantiene unida a la variedad. Este paradigma es válido también para la unidad de la Iglesia: es una unidad en el pluralismo centrada en Jesucristo, es un pluralismo cristocéntrico.
5. Esto significa que la idea de un inicio homogéneo de la cristiandad debe ser sepultada. Y esto es saludable. La diversidad es la marca de la creación; ella hasta es presupuesto de unidad. El cuerpo no trabaja sin la diversidad de sus miembros. Nadie puede imaginarse un cuerpo compuesto solamente de manos (1 Co 12.12s). Aquello que es absolutamente igual no tiene condiciones de servirse mutuamente. Un ciego no puede guiar a otro ciego (Mt 15.14); sí puede recibir auxilio, por ejemplo, de parte de un sordo. Solamente lo distinto es capaz de la complementariedad y de la construcción de comunión. Consecuentemente, al ecumenismo le está prohibido el suprimir la variedad legítima, el estandarizar y nivelar las expresiones de fe.
6. El desafío ecuménico, con el cual se enfrentan las Iglesias, tiene réplica en cualquier convivencia social. La diversidad es riqueza; pero ella solamente lo es mientras se disponga a cooperar y mientras se fundamente sobre un consenso básico. En el caso que las diferencias conduzcan a la agresión y acaben en desavenencias, si los grupos pretendieran aniquilar lo diferente o eliminar lo “extraño”, la sociedad se autodestruirá. Desde siempre la Iglesia quiso ser agente de la paz. El partidismo entre los cristianos de Corinto mereció severas críticas de parte de Pablo; vio en él la rivalidad de intereses corporativistas, aniquiladora de la comunidad (1 Co 1.10s). El fundamento capaz de sostener la comunión humana deberá ser constituido por parámetros objetivos y universales. La primera cristiandad proclamó a Jesucristo como Aquel que acercó a “judíos y griegos”, a los de lejos y a los de cerca, constituyendo la familia de Dios (cf. Ef 2.14). Cristo acabó con la enemistad. De Él la Iglesia heredó la tarea ecuménica, siendo que antes de cualquier cosa le compete “hacer las paces” entre los mismos cristianos y las mismas Iglesias.
7. Pero el compromiso con la paz sería mal entendido como pleito a favor de la tolerancia ilimitada. Por ejemplo, la paz no tolera el odio. Por la misma razón, el ecumenismo no puede traicionar al evangelio. Existen verdades irrenunciables. Esto lo muestra el fenómeno de la herejía, bien conocido y combatido por el Nuevo Testamento. La herejía no es una variante de la fe. Es, más bien, su desfiguración y perversión. En esos términos el apóstol Pablo defendió el evangelio frente a los “herejes” que habían penetrado en las comunidades de Galacia: quien hace depender la gracia de Dios de condiciones a ser cumplidas por el ser humano, sean ellas de naturaleza cultural, ética o étnica, merece el anatema (Gl 1.6s). El ecumenismo necesita el compromiso con la verdad; no puede hacerse cómplice de la confusión religiosa ni ser protagonista de una paz superficial.
8. De la misma forma, por tanto, necesita del compromiso con el amor. Pues solamente quien ama cumple la voluntad de Dios (Rom 13.8-10); mientras el conocimiento ensoberbece, el amor edifica (1 Co 8.1-3). Fue la misericordia lo que hizo que Jesús enfocara su atención hacia los diferentes, hacia los pecadores, así como a los discriminados en términos religiosos, culturales y sociales, a los samaritanos y hasta los paganos (Mt 8. 5s; etc.). No disminuyó la voluntad de Dios, pero tampoco esperó que las personas se convirtiesen y acudiesen arrepentidas. Fue a su búsqueda para manifestarles, al mismo tiempo, la exigencia y el amor de Dios, la ley y el evangelio. De allí deviene que, en relación con la unidad, hay dos principios que se han de observar:
a. Está, en primer lugar, la verdad, la doctrina de la fe, el credo. De cierta forma ella es excluyente: no existen dos verdades. Para los cristianos y cristianas Jesucristo es el camino, la verdad y la vida. Se afirma exclusividad. De la misma forma, la fe establece parámetros para la conducta. La Iglesia tiene el compromiso de velar por la coherencia con el evangelio, tanto en discurso como en práctica. Debe asumir una posición que niega posibles “oposiciones”.
b. Y, sin embargo, la verdad no puede divorciarse del otro principio, que es el amor. El amor siempre tiene naturaleza inclusiva. Quiere abrazar al otro. Busca comprenderlo y aprender con él. No condena precipitadamente, ni se conforma con el prejuicio. En el trato del otro, “no se deleita en la maldad” (cf. 1 Co 13.6). Por esto mismo, el amor auténtico posee elementos “autocríticos”. Se escandalizará con las divisiones; examina la eventual corresponsabilidad propia en las mismas. Quiere la comunión con lo diferente.
9. El ecumenismo, pues, debe conjugar la pasión por la verdad con la pasión por el amor. Está comprometido a unir al exclusivismo doctrinal con la inclusión fraterna. Esos son los dos polos del quehacer ecuménico que le protegen de desfiguraciones. El amor sin insistencia en la verdad será debilidad; redundará en sentimentalismo y caerá en la ficción. A su vez, la verdad sin amor será cruel e inhumana; suele provocar resistencias y hasta odio. En Jesús vemos ambas cosas: tanto la insistencia en la voluntad de Dios y su verdad, así como el amor que no deja al otro ni lo violenta o lo entrega a su destino.
10. El Nuevo Testamento ofrece bellos ejemplos del empeño por la unidad de la Iglesia, sin con ello suprimir la pluralidad. Hemos de recordar el así llamado Concilio de los Apóstoles (Hch 15; Gl 2). Tuvo como tema la unidad de la Iglesia, formada por judeocristianos, observantes de la ley judía, y los cristianos gentiles, no observadores de la “torá”. En esa ocasión se encuentran, de un lado, Pablo y Barnabé, y, del otro, las “columnas” de la comunidad de Jerusalén, Pedro, Juan y Santiago (hermano de Jesús). El cónclave tuvo el mérito de haber impedido el surgimiento de dos Iglesias cristianas, una judaica y otra gentil. Habría sido un cisma “mortal” para la cristiandad, confinando a Pedro y a los demás integrantes del grupo de los doce apóstoles a una facción cristiana del judaísmo y, a la vez, privando a la misión entre los gentíos de su raíz histórica en Jesús de Nazaret. La manutención del “sola gratia” (solamente por gracia) ha sido decisiva. Es Cristo quien salva, y solamente Él. Esto no prohíbe observar tradiciones culturales, pero ellas ya no poseen fuerza salvadora. En lo sucesivo no habría necesidad de cumplir la ley judaica como premisa para abrazar la fe en Cristo.
11. Otro ejemplo del esfuerzo por la unidad es el proyecto de la ofrenda que el apóstol Pablo levanta en las comunidades cristianas gentiles en favor de los judeocristianos en Jerusalén (cf. 2 Co 8-9). Esta ofrenda, a la verdad, era una determinación del Concilio de los Apóstoles (Gl 2.10), pero el apóstol demuestra un particular compromiso en esa causa. Ella simboliza la deuda de los cristianos gentiles en relación con los judeocristianos, pues es de ellos que partió el evangelio para todo el mundo. No hay como contestar que la “salvación proviene de los judíos”, como se lee en el evangelio de Juan (4.22). En consecuencia, existe un vínculo entre todos los cristianos, vengan ellos de afuera o vengan de adentro. La Iglesia de Cristo es una sola, compuesta de muchas naciones. Sus miembros viven todos de la gracia de Dios, no de lo que heredaron o de lo que producen. La justificación por la gracia y por la fe es el más poderoso factor ecuménico.
12. El ecumenismo necesita del consenso en la fe y en la práctica. Así mismo, y esto también está evidenciado en el NT, tal consenso será “diferenciado”. No será uniforme. Deja espacio para las articulaciones propias y para la diversidad que es característica de los dones del Espíritu Santo. Este es un tema que será retomado más adelante.

sábado, 4 de febrero de 2012

MONTREAL Y LA ESENCIA DEL ANGLICANISMO

por John Cobb
Introducción a la Declaración de Montreal
Si un investigador tomara una muestra aleatoria de cien anglicanos de todo el mundo, preguntando a cada uno: ¿qué es el anglicanismo? , es probable que recibiera cien respuestas tan variadas entre sí que no sabría como resumirlas en una definición concisa y coherente. La confusión es consecuencia del transplante exitoso que llevó una versión inglesa de la fe cristiana a todas partes del mundo y permitió que echara raíces en suelos muy distintos. En este proceso, el cascarrón cultural inglés tuvo que morir para liberar la semilla esencialmente cristiana y dejarla crecer según las idiosincrasias de las diversas culturas.
Este hecho era —y es— fundamentalmente positivo; pero, conllevaba algunas complicaciones en cuanto a la definición y límites disciplinarios del anglicanismo. En el siglo XVI los reformadores ingleses no pretendieron definir el anglicanismo, sino recuperar para Inglaterra un cristianismo más primitivo y puro. No pensaban en términos de una corriente o tendencia que debe definirse en contra de las demás, sino en cuanto a la forma apropiada para encauzar la fe de Cristo en estructuras y prácticas concretas en Inglaterra. Jamás pretendieron que los 39 Artículos de la Religión no fuesen una exposición sistemática de la “fe anglicana” sino solamente una propuesta para evitar conflictos innecesarios. Stephen Neill pudo escribir con mucha razón: “No hay ninguna doctrina teológica especial de la Iglesia anglicana.”
Por mucho tiempo se pensaba que las Iglesias Anglicanas podrían mantener sus relaciones fraternales sobre la base de sus raíces comunes; un estilo de culto en común, el episcopado, tradiciones teológicas en común, etc. etc. Pero, la experiencia de los últimos cuarenta años demuestra que aquella expectativa era demasiado optimista. En la medida en que los lazos sociológicos con Inglaterra se han debilitado para permitir la verdadera inculturación, se ha hecho notar la falta de definiciones concretas y claras de la esencia del anglicanismo que sostengan el compañerismo y eviten la disgregación. El individualismo imperante anima a muchos a hacer lo que bien les parece en su contexto local sin tomar en cuenta el cuerpo de Cristo como un todo.
Frente a esta situación de desorden y confusión —muchos dirían “de crisis”, aproximadamente setecientos miembros de la Iglesia Anglicana de Canadá de distintas tendencias teológicas y eclesiales se reunieron en Montreal en Junio de 1994 para celebrar su fe y discernir la voluntad de Dios para esa iglesia en medio de los desafíos y oportunidades del momento actual. Lo que les unió fue el anhelo compartido de permanecer fieles a lo mejor de la herencia rica y variada del pasado anglicano con su reconocimiento de la soberanía sobrenatural de Jesucristo y hacer frente a las presiones socioculturales a conformarse a los intereses y teorías cambiantes de la actualidad que se alinean bajo el estandarte del “progreso”. La tónica de esta reacción no pudo ser una nostalgia de una supuesta edad de oro; sino, mas bien, la búsqueda de la sabiduría bíblica para responder a los problemas de la actualidad y avanzar hacer el tercer milenio.
En la asamblea, los participantes trabajaron sobre la base de 24 ponencias enfocadas hacia distintas clases de problema específico. La “Declaración de Montreal” representa en lenguaje actual una propuesta teológica que proporciona un marco de referencia adecuada para la vida y obra de las iglesias hoy. Al igual que los 39 artículos, el cuerpo de los 15 artículos no contiene casi nada que sea meramente anglicano: pretende ser una respuesta cristiana actual a las inquietudes contemporáneas.
[Para más detalles, véase el artículo “ La Esencia del Anglicanismo ”]
Declaración de Montreal sobre los esenciales del anglicanismo
“En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad; en todas las cosas, caridad”
Ricardo Baxter (Teólogo puritano inglés del siglo XVII) , siguiendo Agustín de Hipona (Teólogo más importante de la iglesia latina y Obispo de Hipona (395-430) en el norte de la África cerca de Cartago.)
Como miembros de la Iglesia Anglicana de Canadá provenientes de todas las provincias y territorios y participantes en la “Essentials 1994 Conference” en Montreal, nos unimos en alabanza a Dios por su gracia salvífica y por el compañerismo del que nos gozamos con nuestro Señor y el uno con el otro. Afirmamos como esenciales las siguientes verdades esenciales cristianas:
1. El Dios Trino
Hay un solo Dios, que se reveló a si mismo como tres personas, “de una sustancia, poder y eternidad”, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por causa del evangelio, toda propuesta que pretenda modificar o marginar estos nombres y afirmamos su lugar debido en la oración, la liturgia y la alabanza cantada. Pues, mediante el Espíritu Santo, el Evangelio nos invita a compartir por toda la eternidad el compañerismo divino, como hijos adoptados de Dios en cuya familia Jesucristo es a la vez Salvador y nuestro hermano.
(Dt.. 6:4, Is. 45:5, Mt. 28:19, 2 Co.13:14, Gá. 4:4-6, 2 Ts. 2:13-14, 1P.1:2, Jud. 20:21. Ver Artículo I de los 39 Artículos, Libro de Oración Común)
2. Creador, Redentor y Santificador

El Dios trino y todopoderoso creó un universo que fue bueno en todo sentido hasta que la rebelión de sus criaturas lo echó a perder. Habiéndose introducido el pecado, Dios en amor se propuso restaurar el orden cósmico mediante el llamamiento del pueblo del pacto, Israel; la venida de Jesucristo como Redentor; el envío del Espíritu Santo para santificarnos; la construcción de la Iglesia para ofrecerle culto y dar testimonio en el mundo; y la segunda venida de Cristo en gloria para renovar todas las cosas. Obras realizadas con poder milagrosa caracterizan el desarrollo del plan de Dios.
(Gn. 1:3, Is. 40:28, 65:17, Mt. 6:10 Jn. 17:6, Hch. 17:24-26-28, 1Co. 15:28, 2 Co. 5:19, Ef. 1:11, 2 Ti.3:16, He.11:3, Ap. 21:5, Ver Artículo I)
3. La palabra hecha carne
El Jesús de la historia y Cristo de las Escrituras es el único Jesucristo, el hijo encarnado de Dios, nacido de la Virgen María, sin pecado en la vida, resucitado en forma corpórea de entre los muertos, quien actualmente reina en gloria, aunque todavía presente con su pueblo por el Espíritu Santo. Él es “Dios con nosotros”, mediador único entre Dios y nosotros, fuente del conocimiento salvífico del Altísimo, y dador de vida eterna a la iglesia universal.
(Mt. 1:24,25, Mr. 15:20-37, Lc. 1:35, Jn. 1:14, 17:20-21, Hch. 1:9-11, 4:12, Ro. 5:17, Fil. 2:5-6, Col.2:9, 1 Ti. 2:5-6, He. 1:2, 9:15. Ver Artículos II-IV, el Credo de Nicea)
4. El Salvador único
El pecado humano consiste en el levantamiento orgulloso en contra la autoridad de Dios, al rehusar vivir en amor con el Creador y sus criaturas. El pecado corrompe nuestra naturaleza y su consecuencia es la injusticia, la opresión, la desintegración tanto personal como social, y culpa ante los ojos de Dios. El pecado destruye, además, la esperanza y nos conduce a un futuro careciente del deleitar en Dios sin Dios y de lo bueno. Jesucristo es el único que puede salvarnos de la culpa, vergüenza y dominio del pecado y del camino que encierra: la fe del arrepentido es el único camino a la salvación.

Mediante su sacrificio propiciatorio en la cruz por nuestros pecados, Jesús venció a los poderes de las tinieblas y alcanzó nuestra redención y justificación. Por su resurrección corpórea, garantizó la resurrección venidera y herencia eterna de todos los creyentes. Por su regalo regenerador del Espíritu, restaura nuestra naturaleza caída y nos renueva a su imagen. Luego, para cada generación, Él es el camino, la verdad y la vida para el pecador, y el arquitecto único de una comunidad humana restaurada.
(Jn. 14:6, Hch.1:9-11, 2:32-33, 4:12, Ro.3:22-25,1 Co.15:20-24, 2 Co.5:18-19, Fil. 2:9-11, Col. 2:13-15, 1 Ti 2:5-6, 1P.1:3-5, 1 Jn.4:14, 5:11-12. Ver artículos II-IV-XI, XV, XVIII, XXXI)
5. El Espíritu de Vida
El Espíritu Santo “el Señor, el dador de vida”, enviado a la iglesia por el Padre y por el Hijo, revela la gloria de Jesucristo; produce convencimiento del pecado, renueva el ser íntima del pecador, le lleva a la fe; le equipa para la justicia, crea comunión; y capacita para poder para el servicio. Vivir en el Espíritu consiste en la transformación sobrenatural de nuestra existencia natural y es un anticipo auténtico de cielo mismo. La unidad en amor de los cristianos y de las iglesias llenos del Espíritu Santo es un signo poderoso de la verdad del cristianismo.

(Gn. 1:2, Ex. 31:2-5, Sal.51:11, Jn.3:5-6, 14:26, 15:26,16:7-11, 13,15, 1 Co.2:4, 6:19, 12:4-7, 2 Co.3:18, Gá. 4:4-6, 5:22-26, Ef.1:13-24, 5:18, 1 Ts. 5:19, 2 Ti. 3:16. Ver Art. V, el Credo de Nicea)
6. La autoridad de la Biblia
Las Escrituras canónicas de los Testamentos Antiguo y Nuevo son “la Palabra escrita de Dios”, una palabra que es: inspirada y autoritativa, verdadera y de confianza, coherente, suficiente para la salvación, viva y potente como guía divina en cuanto a las creencias y la conducta.

La fe trinitaria, cristocéntrica, y orientada hacia la redención que se encuentra en la Biblia está incorporada en los históricos credos ecuménicos y los documentos fundacionales anglicanos. Por intermedio de la tradición y la razón, utilizadas con oración y reverencia, el Espíritu Santo conduce, en cada época, al Pueblo de Dios y los consejos de la iglesia, a esta comprensión básica de las Escrituras
La Iglesia no puede constituirse en juez de las Escrituras, seleccionando y descartando de entre sus enseñanzas. Las Escrituras, bajo Cristo, juzgan a la iglesia en cuanto a su fidelidad a la verdad por El revelada.
(Dt. 29:29, Is.40:8, 55:11, Mt. 5:17-18, Jn. 10:35, 14:26, Ro. 1:16, Ef. 1:17-19, 2 Ti. 2:15, 3:14-17, 2P.1:20-21. Ver art. VI - VIII - XX).
7. La iglesia de Dios
Aquella sociedad sobrenatural denominada la Iglesia es la familia de Dios; -el cuerpo de Cristo; y -el templo del Espíritu Santo. Es la comunidad de los creyentes, quienes han sido justificados por fe en Cristo, incorporados a la vida resucitada de Cristo y puestos bajo la autoridad de las Sagradas Escrituras como la Palabra de Cristo. La iglesia en la tierra está unida por medio de Cristo a la que está en el cielo en la comunión de los santos. A través del ministerio de la iglesia, por intermedio de la Palabra y los sacramentos del evangelio, Dios suministra vida en Cristo a los fieles, capacitándoles para la adoración, el testimonio y el servicio.

En la vida de la iglesia, sólo debe ser considerado como esencial para la salvación lo que puede comprobarse en las Escrituras y cualquier cosa que no sea esencial no debe ser requerida de nadie como obligatoria para la fe , ni impuesto como asunta de doctrina, de disciplina, o de culto.
(Ef. 3:10-21, 5:23-27, 1 Ti.3.15, Heb.12:1-2, 2 Ti.3.14-17. Ver Artículos XIX, XX y XXI).
8. La nueva vida en Cristo
Dios formó los seres humanos a su imagen divina para que pudieran glorificar su creador y gozarse de Él por siempre; pero, desde la Caída, el pecado nos ha alejado a todos de Dios y dejado en desorden las motivaciones y acciones del ser humano en todo momento. Así como la reconciliación y la justificación restauran nuestra comunión con Dios mediante el perdón de los pecados, la regeneración y la santificación renuevan en nosotros la imagen de Cristo, venciendo el pecado. Es el Espíritu Santo, quien nos ayuda a poner en práctica las disciplinas de la vida cristiana, nos transforma más y más a través de ellas. Sin embargo, en este mundo, no nos es dado llegar a ser si pecado y nosotros que creemos quedamos en la imperfección en cuanto nuestros “pensamientos, palabras y obras” hasta que seamos hechos perfectos en el cielo.
(Gn. 1:26-28, 3, Jn. 3:5-6, 16:13, Ro. 3:23-24, 5:12, 1 Co. 12:4-7, 2 Co. 3:17-18, Gál. 5:22-24, Ef. 2:1-5, Fil. 2:13, 2P.3:10-13. Ver Artículos. IX-XVI).
9. El Ministerio en la Iglesia
El Espíritu Santo reparte dones diferentes a todos los cristianos a fin de glorificar a Dios y edificar su iglesia en la verdad y el amor. En su bautismo, todos los cristianos son llamados a ser ministros, sea cual fuere su género, raza, edad, o situación socioeconómica. Cada miembro del Pueblo de Dios debe procurar encontrar la forma específica de servicio para lo cual Dios le ha llamado y preparado, y cumplir con ello
Dentro del sacerdocio de todos los creyentes, honramos el ministerio de la Palabra y de los sacramentos, para lo cual han sido apartados los obispos, presbíteros y diáconos mediante la ordenación.
(Ro. 12:6-8, 1 Co. 3.16, 6:11, 12:4-7, 27, 2Co. 5:20, Gál. 2.16, Ef. 4:11-13, 1 Ti. 3:1, 12-13, 5:17, Heb. 2:11, 1 P. 2:4-5, 9-10. Ver Art. XIX, XXIII).
10. El culto de la iglesia
La vocación primaria de la iglesia, como de todo cristiano, es la de adorar al Dios de la creación, de la providencia y de la gracia, en el Espíritu y en verdad. Los elementos básicos del culto son la alabanza y la acción de gracias por todas las cosas buenas, la proclamación y celebración de la gloria de Dios y de Jesucristo, la intercesión por las necesidades humanas y por el desarrollo del reino de Cristo, y la entrega de si mismo para servir. Todas las formas litúrgicas —verbales, musicales y ceremoniales— están bajo la autoridad de las Escrituras.
El Libro de Oración Común proporciona un patrón doctrinal enraizado en la Biblia, y debe ser retenido como la norma para toda liturgia alternativa (En muchas provincias anglicanas, los nuevos cultos se publican como el “Libro de Cultos Alternativos”: véase más adelante en el mismo párrafo) . No debe ser revisado en el clima de divisiones teológicas que existen en la iglesia de hoy. El Libro de Cultos Alternativos responda a la necesidad sentida por muchos de una liturgia contemporánea, y trae vida y gozo a muchos fieles anglicanos.
Ninguna forma de adoración puede exaltar verdaderamente a Cristo ni promover la devoción verdadera a Él sin la presencia y el poder del Espíritu Santo. La oración, tanto la pública como la personal, es central para la salud y renovación de la iglesia La sanación, espiritual y física, es una faceta bienvenida del culto anglicano.
(Jn. 4:24, 16:8-15, Hch. 1:8, 2: 42-47, Ro. 12:1, 1Co. 11:23-26, 12:7, 2Co. 5:18-19, Ef. 5:18-20, Co. 3:16, 1 Ts. 1:4-5, 5:19) Ver Artículo XXXIV.
11. La prioridad del Evangelismo
El evangelismo quiere decir la proclamación de Jesucristo como Salvador divino, Señor y Amigo, den una forma que invita a las personas acercarse a Dios por medio de El, a rendirle culto y a servirle, y a buscar el poder del Espíritu Santo para su vida como discípulos dentro de a comunidad de la Iglesia. Todos los cristianos son llamados a dar testimonio de Cristo, como señal de amor, tanto a Él como al prójimo. La tarea, que es, por lo tanto, asunto prioritario, demanda formación personal y la búsqueda constante de modos de propagación convincente. Sembramos la semilla y miramos a Dios por la cosecha.
(Mat. 5:13-16, 28:19-20, Jn. 3:16-18, 20:21, Hch. 2:37-39, 5:31-32, Jn.1, 1Co. 1:23, 15:2-4, 2Co.4:5, 5:20, 1P. 3:15).
12. El desafío de la Misión Global
El evangelismo y cuidado pastoral interculturales, son todavía respuestas necesarias a la Gran Comisión de Jesucristo. Su mandato de predicar el evangelio a todo el mundo, haciendo discípulos y estableciendo iglesias iglesias, sigue vigente. La misión de la Iglesia exige misiones.
Cristo y su salvación deben ser proclamados en todo lugar, con tino y energía, dentro del país y fuera y la misión intercultural ha de ser apoyada mediante la oración, las ofrendas y el envío de misioneros. La misión global involucra la colaboración como socios y el intercambio y los misioneros que sean enviados a Canadá por las iglesias más jóvenes deben ser bienvenidos.
(Mat. 28:19-20, Mr. 16:15, Lc. 10:2, Ro. 15:23-24, 1Co.2:4-5, 9:22-23, 2Co. 4:5, 8:1,4,7, Ef. 6:19-20, Fil. 2:5-7,1 Ts.1:6-8)
13. El desafío a la acción social
El evangelio obliga a la iglesia a ser “sal” y “luz” en el mundo, elaborando las implicancias de la enseñanza bíblica para el recto ordenamiento de la vida social, económica y política y para la mayordomía humana de toda la creación. Los cristianos deben esforzarse en pro de la causa de la justicia y acciones compasivas. Aunque no se puede identificar ningún sistema social con el Reino venidero de Dios, la acción social es parte integral de nuestra obediencia al evangelio.
(Gn. 1:26-28, Is. 30:18, 58:6-10, Am. 5:24, Mt. 5:13-16, 22:37-40. 25:31-46, Lc. 4:17-21, Jn. 20:21, 2Co. 1:3-4, Stg. 2:14-26, 1Jn. 4:16, Ap.1:5-6, 5:9-10. Ver Art. XXXVIII)
14. Las normas para la conducta sexual
Dios diseñó la sexualidad humana no solamente para la procreación, sino también para la expresión gozosa del amor, honor y fidelidad entre esposa y esposo. Estas son las únicas relaciones sexuales que la teología bíblica considera buena y santa.
El adulterio, la fornicación y las uniones entre homosexuales son intimidades contrarias al designio de Dios. La iglesia tiene que buscar como ministrar la sanidad e integridad a los que han sido heridos sexualmente y a los que luchan contra las tentaciones sexuales persistentes como lo hacen la mayoría de las personas. La homofobia y toda forma de hipocracía y abuso sexuales son males contra los cuales todos los cristianos tienen que mantenerse siempre en guardia. La iglesia no podrá rebajar los patrones divinos de conducta sexual para ninguno de sus miembros; sino, más bien, honrar a Dios respaldándolos tenazmente frente a las desviaciones sociales.
Cada congregación local deberá buscar como satisfacer las necesidades específicas de amistad y comunidad de las personas solteras.
(Gn. 1:26-28, 2:21-24, Mt. 5:27-32, 19:3-12, Lc. 7:36-50, Jn. 8:1-11, Ro. 1:21-28, 3:22-24, 1Co. 6:9-11, 13-16, 7:7, Ef. 5:3, 1 Ti.1:8.11, 3:2-4, 12).
15. La familia y el llamado a ser soltero
La familia es un lugar divinamente ordenado para el amor, la intimidad, el crecimiento personal, y la estabilidad para mujeres, hombres y niños. El divorcio, el abuso de menores, la violencia intrafamiliar, la violación, la pornografía, el ausentismo de padres, la dominación sexista, el aborto, las relaciones de hecho, y las parejas homosexuales, todos reflejan el debilitamiento del ideal de la familia. Los cristianos deberán fortalecer la vida familiar mediante la enseñanza, la formación y el apoyo activo; y trabajar en pro de las condiciones sociales y políticas que apoyan a la familia. Las familias donde hay un solo padre y las víctimas de los hogares colapsados tienen necesidades especiales a las cuales las congregaciones locales tienen que reaccionar con sensibilidad y apoyo.
El ser soltero o soltera también es un don de Dios y vocación santa. La gente soltera está llamada a ser célibes y Dios le dará la gracia para vivir en castidad.
(Sal. 119:9-11, Pr. 22:6, Mat. 5:31-32, Mr. 10:6-9, 1 Co.6:9-11, Ef. 5:21, 6:4, Col. 3:18-21, Jn. 3:14-15).
Un nuevo comienzo
Juntos reafirmamos el cristianismo anglicano que encuentra su expresión en los patrones normativos históricos de los credos ecuménicos, los Treinta y Nueve Artículos, la Solemne Declaración de 1893 (Declaración del primer sínodo nacional en cuanto a la doctrina fundamental de la iglesia canadiense. Contiene el reconocimiento de Libro de Oración Común inglés de 1662 y los 39 artículos como normativos y el compromiso a transmitirlos sin alteraciones a la posterioridad.) y el Libro de Oración Común de 1962 (Aparentemente, una revisión modesta y no controversial del libro de 1922 que fue, a su vez, un afinamiento de 1662 para la situación en Canadá.) . El respeto por estos patrones refuerza nuestra identidad y comunión. Reconocemos humildemente que a menudo nos hemos avergonzados del evangelio que recibimos y que hemos sido desobedientes al Señor de la iglesia. Siendo Dios nuestro ayudador, resolvemos mantener nuestra herencia de fe y transmitirla intacta. Esta plenitud de fe es necesaria tanto para la renovación del anglicanismo como para la proclama eficaz de las Buenas Noticias de Jesucristo en el poder del Espíritu Santo.
Invitamos a todos los anglicanos a unirse con nosotros, al afirmar que lo dicho arriba es lo esencial de la fe, práctica formación cristianas hoy. Creemos que, en esta declaración, insistimos solamente en aquello que es genuinamente esencial. En cuanto a lo no lo sea, debemos reconocer y respetar aquella libertad y amplitud que figuran entre las gracias especiales concedidas a nuestra herencia anglicana.
Texto traducido del inglés de ANGLICAN ESSENTIALS: Reclaiming Faith within the Anglican Church of Canada , George Egerton (ed.)

martes, 14 de junio de 2011

DECRETO DE CREACION VICARIA EPISCOPAL DE SANTIAGO APOSTOL


ICA
IGLESIA CATÓLICA ANGLICANA
Evangelizadora + Carismática + Liberadora + Ecuménica
+Gabriel Orellana, Obispo
¡Ay de mí si no predico el evangelio! 1 Co 9,16b.
Anglican Catholic Church

EVANGELIZAR + DISCIPULAR + ENVIAR

 
DECRETO DE CREACIÓN DE VICARIA EPISCOPAL Y NOMBRAMIENTO DE VICARIO EPISCOPAL

+
En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.


GABRIEL ORELLANA
Por misericordia de Dios
OBISPO
Gracia y paz en Jesucristo el Señor.


DECRETO

Mediante las presentes letras,
La CREACIÓN DE LA VICARIA EPISCOPAL
Con el nombre de
SANTIAGO APOSTOL
En la República protegida de Dios de Guatemala.

Al mismo tiempo nombro a usted
Sr. Pbro. Lic. SALVADOR ANTONIO VELASQUEZ RAMOS,
VICARIO EPISCOPAL TERRITORIAL
Por el periodo de un año a partir de la fecha.
Con todos derechos y obligaciones de Vicario Episcopal
Cuidando de cumplir la misión y la pastoral integralmente
“Ir a todos, darlo todo, involucrando a todos”
KERYGMA, KOINONIA, DIDASKALIA, LEITURGIA, DIAKONIA


Dado en la Ciudad protegida de Dios de Guatemala, a los doce días del mes de junio, Solemnidad de Pentecostés del año del Señor dos mil once.


+Gabriel Orellana
Primero Obispo de ICA


SEDE EPISCOPAL
EL SALVADOR, C.A.
Correo electrónico: bishop_gabriel_sv@yahoo.com
Móvil (503) 70467927 Casa Pastoral (503) 21013411
www.comunioncatolicaanglicana.blogspot.com   www.galeon.com/jesucristosv


jueves, 9 de junio de 2011

SOLICITUD DE INCARDINACION


El Rvdo. Pbro.  SALVADOR  ANTONIO VELASQUEZ RAMOS, Salvadoreño, residente en Guatemala.
Solicita ser INCARDINADO  a esta expresión de la UNA, SANTA, CATÓLICA, APOSTÓLICA Iglesia del Señor.

Presbítero Anglicano.

Hijo único de Doña María Ofelia Ramos Colocho de Velásquez (de grata e inolvidable memoria) Maestra y Directora de escuelas públicas del área rural y de Don Salvador Velásquez Flores caficultor y comerciante.

Nacido en Santa Ana, El Salvador, Centro América.

Estudios en Kindergarten Nacional Santaneco, Escuela Privada San Antonio, Colegio Salesiano San Josè, Academia Royal Internacional y Liceo Santaneco (Bachiller Académico Opción Matemàticas,1974), Centro Universitario de Occidente;

En Guatemala en Estudiantado Filosófico Salesiano, Instituto Teológico Salesiano, Universidad Francisco Marroquín.
Seminario Episcopal Santo Tomas, Instituto Anglicano de Estudios Teológicos. Ordenado Presbitero Anglicano en  Anglican Church in America de Traditional Anglican Comunion .

SCOUT en la Asociación de Scout de El Salvador y en la Asociación de Scout de Guatemala (I.M. rama Scout, Director de Cursos avanzados, Ejecutivo Scout).

sábado, 7 de mayo de 2011

¿Cuál es la diferencia entre el anglicanismo y el catolicismo romano?

Bishop Pierre Whalon

Ambas son iglesias cristianas, que tienen el mismo origen que las iglesias Ortodoxas Orientales. Como tal, los anglicanos y los católicos romanos leen la Biblia con los dos testamentos pero también usan los Libros Apócrifos, los cuales son libros de la Biblia hebrea escritos en griego. Las dos iglesias recitan el Credo Niceno y el Credo de los Apóstoles. Ambas administran el Bautismo y la Confirmación y celebran la Santa Comunión, y también los otros ritos sacramentales: la Penitencia, el Matrimonio, la Unción de los Enfermos, y las Ordenes Sagradas. Sus clérigos son ordenados diáconos primero y luego presbíteros o sacerdotes, a no ser que sean llamados a ser diáconos perpetuos. Los obispos son seleccionados y consagrados por no menos de tres obispos que han conservado cuidadosamente la linea apostólica que se remonta a las iglesias primitivas.

Existen lugares santos dedicados a María la Madre de Dios en las dos iglesias y algunos anglicanos rezan el rosario. Ambas igiesias usan el calendario de los santos, con oraciones especiales y lecturas para los dias en que se celebran las fiestas. Las dos iglesias tienen órdenes religiosas para hombres y mujeres, que hacen votos de castidad y viven en monasterios o conventos.
Al visitar una parroquia anglicana (las dos iglesias usan la misma palabra para referirse a una congregación) y luego una católica romana observará muchas similitudes. Especialmente en los Estados Unidos, las liturgias son casi idénticas, al igual que las vestimentas que usan los clérigos y los ministros laicos que asisten en la liturgia.

La mayoría de las diferencias radican en los detalles. Estas diferencias provienen de una idea central: ¿quién tiene la autoridad? A traves de los siglos, la Iglesia Católica Romana ha continuado aumentando el poder y el prestigio del Papa, el Obispo de Roma. En nuestro tiempo, la combinación de un Papa tan extraordinario como Juan Pablo II, con los medios de difusión pública a su alcance y la globalización, han elevado al papado a su más alto nivel. El pontifice actual ha viajado más que cualquiera de sus predecesores. Pero cuando visita un país es para hablar y no para escuchar. Sus obispos alrededor del mundo actuan más bien como prefectos que como supervisores de la comunidad cristiana regional. El dicho tan famoso de San Agustín, Roma locuta causa finita est (Roma ha hablado y el asunto se acabó) es más verdad hoy que nunca.

A pesar que el Vaticano II ha tratado de formar sínodos locales a nivel diocesano y nacional, todavía solo sirven en capacidad de consejeros. Tampoco hay otra organización que tenga autoridad sobre el Papa. Por ejemplo, cuando el Papa Pablo VI publicó la encíclica Humanae Vitae prohibiendo el control de la natalidad, ignoró las recomendaciones de la comisión que habla nombrado para aconsejarle. El Vicario de Cristo tiene el control de todo. La autoridad desciende de él a sus ayudantes y seguidores.

Las iglesias de la Comunión Anglicana han decidido dispersar esa autoridad absoluta entre varios lugares. Un famoso reporte sobre la autoridad en el anglicanismo abordé el tema del concepto anglicano de la autoridad, la cual fluye de afuera liada al centro. Cada Iglesia Anglicana pertenece a la Comunión Anglicana porque está en comunión con el Arzobispo de Cantórbery y busca apoyar la fe católica y el orden reformado que heredó de la Iglesia de Inglaterra. Pero cada una es independiente. El Arzobispo no tiene autoridad legal fuera de la Diócesis de Cantórbery. El sirve como guía espiritual y símbolo de la unidad.

Los laicos tienen verdadero poder en todos los niveles de las iglesias anglicanas (aunque con diferencias locales). Los anglicanos esperan que sus sínodos diocesanos y nacionales de obispos, clérigos y laicos interpreten asuntos de fe y orden. Al contrario de la Iglesia de Roma, con su modo claro y admirable de tomar decisiones, las iglesias anglicanas son un poco desordenadas y a menudo discrepan entre sí. Por ejemplo, algunas iglesias ordenan mujeres a las tres órdenes del ministerio. Muchas no las ordenan y la Iglesia de Inglaterra ordena mujeres al diaconado y al presbiterado pero no al episcopado hasta la fecha en que se escribe este articulo. Habían mujeres obispos presentes en la Conferencia de Lambeth del 1998, que es la reunión global de obispos anglicanos que se celebra cada díez años. Pero como las decisiones de Lambeth no tienen autoridad sino que son tan solo recomendaciones, su presencia no produjó la más mínima interrupción.

Este desorden quiere decir que oficialmente los anglicanos tienen más libertad de acción que los católicos romanos como individuos y en sus diócesis e iglesias nacionales. En general, se espera que los laicos usen los recursos de la iglesia, especialmente la adoración regular en común, en el desarrollo de un carácter cristiana y la habilidad de razonar moralmente. Las diferentes manifestaciones que se encuentran en el cristianismo tienen practicantes entre los anglicanos. Así es que algunos anglicanos usan liturgias elaboradas basadas en las prácticas de la adoración inglesa en la Edad Media. Otras enfatizan la predicación evangélica y una adoración relativamente simple. Y aun otras muestran una tendencia al movimiento pentecostal o la iconografia de las iglesias orientales. Algunos anglicanos son místicos; otros están sumamente interesados en la justicia social. Además, cada iglesia nacional adapta la fe y el orden a su propia cultura.

Como los católicos romanos basan su pertenecer a la iglesia a la persona y la autoridad del Papa, casi nunca permiten la intercomunión. Por lo tanto, no reconocen la validez de las Ordenes Anglicanas y por consiguiente re-confirman y re-ordenan a los anglicanos convertidos al catolicismo. Los anglicanos tienden a practicar la comunión abierta y no re-confirman ni re-ordenan a católicos romanos convertidos al anglicanismo porque reconocen las órdenes romanas como válidas. Para los católicos romanos, la diferencia radica es estar en comunión con el Papa, y para los anglicanos es unirse a la fe católica tal como ha sido heredada de los primeros cristianos. Una de las caracteristicas permanentes del anglicanismo ha sido el buscar restaurar la fe y el orden de la iglesia primitiva. Este es el principio fundamental de la reforma, mientras que la contra-reforma de Roma era restaurar y aumentar el concepto medieval de la autoridad papal.

En uno de los documentos más recientes de la Consulta Internacional entre Anglicanos y Católicos Romanos (que es el cuerpo ecuménico que se dedica a fomentar el acercamiento entre las dos iglesias) titulado El Don de la Autoridad se les pide a los anglicanos que consideren el papel del Obispo de Roma en la vida de sus iglesias, mientras que a los católicos romanos se les pide que comiencen a considerar la relación de los sínodos que se formaron en el Concilio del Vaticano II. Quizás ésto también enfatice las diferencias entre estas dos iglesias, ambas son ramas de la iglesia primitiva, tan cercanas la una de la otra, pero al mismo tiempo tan lejanas.
(Para la lectura adicional, vea una breve perspectiva histórica del mismo autor.)

Bishop Pierre Whalon resume la situación
de la perspectiva de un obispo dentro de la iglesia episcopal en los E.E.U.U.
Traducido del inglés por Adela Gomez